Fulvinter

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Cuatro islas repletas de desafíos

Yssladril

 

Heil! Bienvenidos a Yssladril

Bordea la costa del fin del mundo hasta que el sol se fije a tu izquierda. Mantén el rumbo hacia las brumas y gira a la derecha cuando tu piedra solar brille azul. Navega después todo recto hasta el amanecer. Entonces mira atrás.

—Códice turístico «Yssladril para dummies»

Hubo un tiempo en el que las tierras mágicas de Yssladril rivalizaban en belleza con el reflejo del sol en sus mares. La fina arena de sus playas refulgía como el oro; sus montañas, gigantes orgullosas, se alzaban hasta el cielo entreteniendo a las nubes que acariciaban sus cimas; y sus flores... ¡ah, sus flores! Quizá sea lo que más añoro y más me duele recordar. Salpicando la tierra, pintadas de mil colores, desafiaban toda lógica con sus formas susurrando al viento su lluvia de pétalos y pólenes.

Hubo un tiempo en el que las primaveras sucedían a los inviernos, y los veranos daban paso a los otoños. La magia de Yssladril fluía con el paso de las estaciones... hasta que un día de primavera, cuando el primer diente de león voló alto, Fulvinter, el Gusano Blanco, desencadenó su aliento helado. El Crudo Invierno sumió la vida en un letargo eterno, los vientos arrancaron las flores y los árboles quedaron desnudos; la nieve adormeció la tierra. El traicionero Fulvinter, movido por el resentimiento, había triunfado.

Hoy Yssladril aún conserva unas gotas de magia en forma de esperanza. Cuatro muchachos imbuidos de magia y dotados del descaro que dan la juventud y la ignorancia, se dirigen a la cima de Nífel, al cubil del dragón Fulvinter. ¿Triunfarán donde otros fracasaron? El Taimado Rival aún guarda muchos trucos en sus garras. Es posible que este viejo deba aún inculcar algo de sabiduría en esos cascos huecos...


Las islas de Yssladril

Nífel

Nífel

La isla del Dragón

En el extremo más remoto y olvidado del archipiélago, de difícil acceso, se eleva este gigantesco glaciar dominando el horizonte y sobresaliendo del resto de montañas.

Aunque es una enorme mole de hielo y piedra antigua, su interior esconde reminiscencias de un viejo bosque en un otoño helado. Algunos árboles, de nudosos troncos y hojas escarlatas, retuercen sus gruesas raíces hundiéndolas en el hielo. La hierba, totalmente pálida, recuerda a un campo nevado, donde cada brizna se mece lentamente con una fría brisa glacial.

Jotun

Jotun

La isla del viejo bosque encantado

En la profundidad de su valle más recóndito, la sombra de un gigantesco árbol no solo cobija su milenaria umbría, sino que envuelve la isla en el misterio.

Los antiguos textos hablan de corrientes y lagunas de agua mágica, donde los reflejos desvelan otra realidad; pero pocos se han aventurado lo suficiente como para confirmarlo. Los mismos relatos hablan de una antiquísima civilización de gigantes que una vez hollaron el barro y los guijarros del sotobosque; de un denso bosque donde alerces y abedules blancos se asoman al abismo de las grutas y acantilados que perfilan unas orillas escarpadas.

Múspel

Múspel

La isla del volcán sofocante

Se dice que en esta isla el fuego fue domado. Canales de lava serpentean entre formaciones rocosas negras como la noche, desde donde criaturas de brasa se asoman para vigilar sus dominios.

Como si de un aparato circulatorio se tratara, sus venas y arterias laten lentamente, entrando y saliendo de las paredes y suelos en roca viva del volcán. En su interior, horadado y moldeado en forma de patios y terrazas, se halla el viejo reino de la fragua: hoy bañado por termas de lava que evaporan el aire húmedo y caldean el ambiente de sus exóticas construcciones.

Nídavel

Nídavel

La isla del descenso abismal

Hundiendo sus cimientos en lo más profundo del mar abisal de Yssladril, las montañas aquí crecen al revés. En su interior hueco aún resuena el eco de decenas de martillos, escarbando en la piedra, anhelando el cálido brillo de las piedras preciosas que salpican sus muros.

La otrora atareada mina ha conocido tiempos mejores. Sus angostos túneles, abandonados, vieron cómo el tiempo llenaba de polvo el vacío de sus abismos. Oxidadas, ingeniosas máquinas mantienen su impenitente tarea cíclica, prisioneras de una chispa de voluntad eterna.


Etimología

Yssladril es una palabra que nos legó la vieja lengua de los gigantes, de la cual no sabemos demasiado. Se compone de los siguientes términos:

  • Yss deriva del verbo Yssr (o Ussr), «hundir, sumergir», pero también «esconder, ocultar» e incluso «mentir», en su forma más poética.
  • Ladr de Ladurr, nuestro «yunque», aunque literalmente «gran roca de hierro» y, simbólicamente, «persona con una gran paciencia o poca iniciativa».
  • El sufijo -il se utiliza para designar las tierras bañadas por el mar o por cualquier corriente de agua («orilla, ribera, costa»).

Soy el alud que cayó de los cielos,
Ocaso de las Estaciones,
Heraldo del Fin
y los Tres Inviernos.